Un estudio señala que la gente de izquierdas es más inteligente que la de derechas

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¿Realmente puede relacionarse la orientación política de una persona según su nivel de inteligencia?

Un  estudio canadiense ha servido la polémica; publicado hace un año por Journal of Psychological Science las conclusiones del estudio parecen ser afirmativas a la pregunta. Según datos recopilados a lo largo de 50 años, afirma que las personas con orientaciones políticas de derecha tienden a ser menos inteligentes que los de izquierda.

Esta investigación fue realizada por académicos de la Universidad Brock en Ontario, que cruzaron la información de más de 15 mil personas, comparando su nivel de inteligencia detectado en la niñez con sus pensamientos políticos una vez convertidos en adultos. En ellos se midió la inteligencia de niños y niñas con edades entre los 10 y 11 años. Luego, se les hizo un seguimiento para conocer sus posturas políticas al cumplir 33 años de edad.

Al mismo tiempo, el estudio concluye que los niños de menor inteligencia, tienden a desarrollar pensamientos racistas y homofóbicos en su adultez.

Según las conclusiones alcanzadas, las personas con un coeficiente intelectual menor gravitan en torno a pensamientos de derecha porque les hace sentir más seguros, descartando que tenga relación con su nivel educacional.

  • “Las habilidades cognitivas son críticas al formarse impresiones de otras personas y ser abierto de mente. Los individuos con habilidades cognitivas inferiores gravitan hacia ideologías sociales conservadoras de derecha que mantienen las cosas como están, porque les provee una sensación de orden”, afirman en el estudio publicado por el Journal of Psychological Science.

  • “Las ideologías conservadoras representan un vínculo crítico a través del cual la inteligencia en la niñez puede predecir el racismo de los adultos. En términos psicológicos, la relación entre inteligencia y prejuicios puede derivar de cuán propensos son los individuos con bajas capacidades cognitivas a respaldar con mayor fuerza las ideologías conservadoras de derecha, debido a que ofrecen una sensación de estabilidad y de orden”, agregan.

  • “Sin embargo, es claro que no todas las personas de pensamiento conservador son prejuiciosas y que no todas las personas con prejuicios son conservadoras”, sentenció el equipo de investigación.

 

Felipe VI… ¿de Borbón? Qué apellido debería tener nuestro monarca en base a la agitada vida sexual de sus antepasados

Goodbye-Borbones“Ninguno de mis hijos lo es de Carlos IV y, por consiguiente, la dinastía Borbón se ha extinguido en EspañaMaria Luisa de Parma, reina de España (1819)

Dentro de tres años se cumple el bicentenario de la desaparición de la dinastía Borbón y en España todavía no nos hemos enterado. ¿Qué hacer entonces? ¿Vivir en una mentira? ¿Organizar una recogida de firmas para el cambio del apellido de los inquilinos del Palacio de la Zarzuela? Ya puestos a imaginar… ¿Cuál les ponemos?

Ante tamaño desafío intelectual, hemos decidido sumergirnos en la procelosa vida sexual de los borbones y borbonas en busca del apellido que verdaderamente le pertenece a nuestro jefe del estado, Felipe VI  por línea sanguínea.

Felipe VI Godoy

El periodista José María Zavala reveló en su libro La maldición de los Borbones una sorprendente confesión que María Luisa de Parma, reina consorte de España, hizo poco antes de morir al fraile Juan de Almaraz: ninguno de sus catorce  hijos eran del rey Carlos IV. El religioso lo dejó apuntadito.

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¿Quién era entonces el padre del nefasto Fernando VII? María Luisa bebió los vientos por  Manuel Godoy, un hidalgo extremeño metido a guardia de corps, que llegaría a  sería nombrado consejero privado de la reina. El futuro Fernando VII nació en octubre del mismo año de la entrada en servicio de Godoy en palacio.

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Felipe VI Puigmoltó

La reina Isabel II, madre de Alfonso XII ( tatarabuelo de nuestro actual soberano) se casó con su primo Francisco de Asís de Borbón, que, según se rumoreaba entonces,  era homosexual. Cuenta Carlos Fisas en su Historia de las Reinas de España. que circuló entre el pueblo llano una venenosa frase, atribuida a la reina, que afirmaba (en referencia a la primera noche del enlace real):“¿Qué podía esperar de un hombre que en la noche de bodas llevaba más encajes que yo?”. A pesar de su matrimonio con “Paquita” o “Paco Natillas” (así le llamaban al pobre), Isabel tuvo la friolera de once hijos, de los que solo llegaron a la edad adulta cinco.

¿Milagro? No, su majestad tuvo una larga y exótica lista de amantes (desde un dentista americano hasta un turco albanés. No se cortaba, que para eso era reina, llegando a confesarle un día a su hijo Alfonso: “Hijo mío, la única sangre Borbón que corre por tus venas es la mía.

Si hacemos caso al ABC, el verdadero tataratatarabuelo de nuestro Felipe VI sería un militar valenciano, el capitán Enrique Puigmoltó, hijo del conde de Torrefiel, que durante tres años fue amigo con derecho a roce de la reina, que le llenó el pecho de condecoraciones y títulos. Alfonso XII sería conocido por ello como el Puigmoltejo.

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¿Cuál elegimos?

Nada podrán aducir los monárquicos de abolengo frente a una evidencia: como bien dice Pedro Fernández Barbadillo  el linaje es fundamental en las dinastías reales. Sin linaje no hay legitimidad y, por tanto, no hay derecho a reinar. Por otro lado, ganaríamos en españolidad cambiando a los Borbones franceses por un apellido extremeño o valenciano.

En el caso de Godoy tenemos una confesión de la mismísima reina recogida por un eclesiástico que avalaría la opción, pero esta línea dinástica bellotera habría desaparecido con la penetración de los Puigmoltó. Bueno, bastaría con hacer unos concienzudos estudios de ADN y puede que un apellido valenciano hiciese más para reforzar la sacrosanta unión de España. Un Puigmoltó y un Puigdemont se entenderían a las mil maravillas. ¿O tampoco?

¿Qué votáis? ¿Valenciano o extremeño?

29 enero 2016

Jaime Noguera

Fuente: Público

¿Os acordáis de Fidalgo, ex líder de CC.OO?

fidalgo

José María Fidalgo fue secretario general de CC.OO por obra y gracia de los afiliados a ese sindicato. En la actualidad cultiva amistades como la de Aznar y los líderes de la patronal, y es contertulio en la COPE junto al periodista de ultraderecha Carlos Herrera. Ahí, como no podía ser de otro modo tratándose de la emisora episcopal, vuelca su ira contra todo lo que huela a izquierda, donde una serie de personajes reaccionarios le ríen las gracias y lo tratan como a uno de los suyo.

Surge, entonces, una serie de preguntas sin maldad: ¿Siempre fue así o se hizo de derechas con el paso del tiempo?¿Los ocho años que lideró CC.OO disimulaba o es que el sindicato ya desde el 2000 tiene poco de sindicato de clase, al punto que una persona tan reaccionaria como Fidalgo podía ser su líder?

Si a esto sumamos otro “magnífico” secretario general, llamado Antonio Gutiérrez, que acabó siendo diputado del PSOE, podemos acabar que el ojo clínico de los militantes de Comisiones ha dejado mucho que desear. Y lo peor, ¿dónde acabará Toxo? Sacar al sindicato de las calles, los boicots y la lucha de clases son una buena seña de identidad de su futuro debajo de algún árbol agradecido del sistema.

28 enero 2016

Gustavo Cisneros, Antena 3 y su campaña contra Venezuela

gustaco cisnerosEn el caso de Antena 3 y Atresmedia y su campaña contra Venezuela existe  una conexión con el gran enemigo del gobierno bolivariano que es el empresario Gustavo Cisneros que, curiosamente, obtuvo la nacionalidad española hace poco. Cisneros es el gran magnate de las comunicaciones venezolano cuyos medios de comunicación cuentan con el 60% de la audiencia venezolana, es el hombre más rico de Venezuela y además posee negocios en otras áreas como el sector inmobiliario. En el 2014 el gobierno de España presidido por Mariano Rajoy concedió a su esposa dueña de la fundación Phelps, principal mecenas de la Fundación Reina Sofía y propietaria de la colección de arte latinoamericano más completa del mundo, la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.

Cisneros lleva tiempo intentando invertir en España especialmente en el mundo de la comunicación. Trató de comprar La Sexta cuando era presidente Rodríguez Zapatero aunque perdió la puja con el Grupo Zeta (con el que tenía participación accionarial en Antena 3 entre 1992-97) Su interés no sólo es tratar de adquirir alguna televisión autonómica (Telemadrid o Canal Sur) sino que quiere que los contenidos audiovisuales que produce su empresa en EEUU puedan entrar en España. De hecho Venevisión (su principal empresa de comunicación) ha vendido a Telecinco y Antena 3 varias producciones. Actualmente Cisneros tiene intereses en más de 30 compañías y tiene clientes en más de 90 países. A su curriculum empresarial hay que sumar el personal que lo complementa: amigo personal del expresidente del Gobierno español Felipe González (que últimamente está muy activo en su intromisión en la política venezolana), también del expresidente estadounidense Gerge Bush, del ex secretario de Estado Henry Kissinger y del multimillonario David Rockefeller. En noviembre de 2015 el grupo de medios y comunicación Cisneros y el fondo de capital privado Velum Ventures invirtieron 2,5 millones de dólares en la empresa de origen colombiano Fluvip para consolidar su expansión en América Latina, EEUU y España.

Todo gran empresario defiende sus intereses de modo que no es descabellado sugerir que a Cisneros le interesa mover los hilos de que dispone para orientar el próximo gobierno en España y desde luego para disparar desde el exterior contra el gobierno bolivariano.

28 enero 2015

 

Felipe GonzáleX, adalid de la ultraderecha venezolana, mentó a Lenin

felixgonEn una entrevista en su querido diario El País, este personaje siniestro fue preguntado por las alianzas del PSOE para formar gobierno. González habló de Podemos, diciendo que:

“El comportamiento arrogante de los líderes de Podemos, con humillaciones que ponen al descubierto cuáles son sus verdaderas intenciones, no se debe aceptar. Esos dirigentes, con el debido respeto que merecen sus votantes y los grupos que se han sumado a las distintas plataformas, quieren liquidar, no reformar, el marco democrático de convivencia, y de paso a los socialistas, desde posiciones parecidas a las que han practicado en Venezuela sus aliados. Pero lo ocultan de manera oportunista. Del mismo modo, dejaron de hablar de Grecia cuando más lo necesitaron sus amigos. Son puro leninismo 3.0. Para colmo, plantean también con disimulo la autodeterminación, algo que contradice un proyecto para España como espacio público que comparten 46 millones de ciudadanos que quieren ser tratados como tales, también para decidir en igualdad de derechos y obligaciones su destino común”.

No es que haya cambiado desde aquel “Por el cambio” de 1982 que engatusó a millones de trabajadores, es que siempre fue esto, un individuo muy de derechas que vestía con pana.

28 diciembre 2016

Fuente: Insurgente.

¿Qué son, en realidad, los Oscar de Hollywood?

oscarEsta película ya la vimos. Premiadores que se premian a sí mismos; aplausos, anuncios, más premios, más aplausos, más anuncios… una que otra lágrima nostálgica, una que otra mueca “progre”, sutil, para targets “críticos”; un poquito de audacia pero sin “epater le burgeois”, y un final feliz que siempre anuncia premios nuevos para quien se porte bien con las reglas del star system. Éxito de taquilla no es lo mismo que película “buena”. Todo eso salpicado con humor previsible y superfluo (ligth) en dosis controladas para que no se desfiguren loslifthing, para que no se vean las arrugas. Película de payasos adinerados para que ciertas “audiencias” se narcoticen con los fetiches de la mercancía fílmica. Más de lo mismo.

Eso que se premia con “estatuillas” no es ni con mucho todo lo que se produce cinematográficamente en USA, es cuando mucho, una parte, la parte del poder financiero, que puede gastar dinero para autopremiarse, autoproclamarse, autoreverenciarse. Debajo, en las periferias, muy al margen del circo farandulero hollywoodense hay un mundo de trabajadores de la imagen fílmica, televisiva, audiovisual… no complacidos ni complacientes, que buscan y rebuscan espacios para decir lo que hay que decir, a estas horas, desde los entresijos de la barbarie. Hora de decirle algo a una sociedad saqueada y alienada que paga con su trabajo la festichola criminal de la “Casa Blanca” en Irak, en Afganistán, en el mundo entero… sociedad cada vez más agobiada por el desempleo, la inflación, la carencia de atención médica, la educación devastada, el endeudamiento bestial y el desprestigio mundial… sociedad narcotizada por las mafias mass media. Nadie invierte millones de dólares en películas, ingenuamente.

El Oscar no es, ni en el reino de los sueños fílmicos, representante del cine norteamericano. Es representante de un sector monopólico compuesto por estudios, aseguradoras, marcas, mesas de inversiones, oficinas de representación… muchas con nombres diversos pero dueños únicos… monstruo de mil cabezas. Entre ese mundo de farándula grotesca y la realidad de los trabajadores del cine, entre ese mundo de payasos ególatras y el pueblo yanqui, hay un abismo y hay una lucha. De clases. Hay una guerra concreta y una guerra de símbolos donde los poderosos usan táctica y estratégicamente, los medios de comunicación a su servicio como armas de guerra ideológica, de guerra simbólica, capaz de manipular, tergiversar, degenerar… lo valores y sentimientos colectivos mas profundos. Son capaces de idear un sistemapermanente de golpes bajos y no se escatiman temas, imágenes, ideas… cualquier cosa que sirva para eslavizar a una sociedad, saquearle la riqueza del trabajo, la materia prima y convencerla de que no proteste, de que guarde silencio feliz… convencerla de que ese robo es locorrecto… ¡cualquier cosa!, lo que sea, con actores, escritores, directores… dibujos animados, canciones, payasadas, cursilerías… ¡cualquier cosa! (literalmente) porque es un gran negocio y de pocos. Ser “buen” actor o actriz no implica ser inocente. El “público” sólo está para cumplir con su destino manifiesto: pagar, aplaudir y fanatizarse. Sobre todo pagar.

Por si fuese poco el arsenal fetichista con que se “arma” una película, promedio, en la industria hollywoodense, actores fetiche, objetos fetiche, exhibiciones fetiche… la fiesta anual de premiación con “estatuillas” doradas se ha convertido ella misma en fetiche de fetiches. Y se vende “bien” es decir mucho y caro. Es una especie de rito tribal de sectas millonarias que ponen en cada imagen su imagen “milagrera” para santiguar las taquillas y levantar el vuelo al reino de los clichés modernos. Películas van, películas vienen… melodramas. Aventuras, fantasías, imagineria… show bussines dueño de infraestructura tecnológica, financiera y “creativa” (creatividad gatopardo) al servicio de productos industriales fílmicos, de gran calidad técnica, para el embrutecimiento masivo. Repetición del mismo modelo narrativo que se muerde la cola una y otra vez. Y nosotros lo pagamos.
Ninguna película significa otra cosa que lo que el conjunto cultural de valores dominantes le permite significar y ellos son en, su mayoría, valores hegemónicos impuestos a sangre y fuego. Romper con esa hegemonía de valores implica entablar una lucha contra la alienación, una lucha semiótica que alcance a desmontar, exhibir y destruir la cultura burguesa en su totalidad y no sólo para destruirla sino para levantar sobre sus logros mejores, los valores semánticos nuevos de una sociedad sin clases, sin “propiedad privada” de los medios reproducción (incluso la fílmica) desalineada y en revolución permanente, eso no se logra sólo criticando películas, en lo particular, aunque es preciso incluirlas, claro. Muchas “Buenas Películas” son cloacas financieras infernales. Hay que abrir los libros del patrón.

Con las excepciones, escasas, y honrosas, del caso… la premiación anual del “Oscar” es un sainete de banalidad y egocentrismo decadente donde reina, además, la falsa modestia como payasada grotesca que pontifica sus deyecciones en cada discurso de “agradecimiento”. Todos llevan agua publicitaria a sus ríos de ganancias. La verdad es esa y “La Industria” les importa sólo cuando es suindustria. El resto puede irse al infierno… son las leyes de la “libre” competencia. Aniquilar al otro, encumbrar los monopolios. Se premia el individualismo. Lo “famoso” no quita lo cómplice.

Hay un abismo inmenso entre la posición “social” (y salarial) de los trabajadores de la industria fílmica, electricistas, carpinteros… “técnicos” en general y los “genios”, los llamados “creativos”: directores, guionistas, músicos, escenógrafos… consentidos por los dueños o “productores”. Los famosos, pues. Se trata de un abismo de clases donde la división del trabajo tiene demarcaciones clarísimas, alienación para todos lados, menos para los “ganadores”, en un modo de producción que, a ratos, parece bacanal de hacendados, a ratos “fordismo” icónico y a ratos patio de wall street. Hay trabajadores que cobran como “temporarios” durante años y más años. Todo montado sobre un modelo de explotación capitalista descarnada, impune y desvergonzada que exhibe mundialmente y sin control el producto de su delito: el robo del trabajo. Y se ha vuelto una cultura farandulera que inocula “modelos” conductuales, decadencia y moral burguesa que entre todos pagamos y muy caro. “Grandes” negocios fílmicos son obra del saqueo a los trabajadores. Las ganancias no se reparten con justicia. Un gran “reparto” cinematográfico no implica reparto de las ganancias.

Pocas industrias hay más atomizadas que la industria cinematográfica yanqui. Un puñado de imperios monopólicos globalizados, protagoniza anualmente un pleito inter-burgués donde se matan por un botín muy jugoso que implica poder económico y político… como siempre. “Un informe del Departamento de Comercio se refiere a los desembolsos de consumo en cine, video y música grabada en el mercado doméstico estadounidense. ¡El gasto de los consumidores ascendió a cerca de 35 mil millones en 1997 y se espera que se eleve a más de 41 mil millones en 2000 y 49 mil millones en el 2004,en dólares corrientes” Los ganadores suelen llevarse unas estatuillas. Y cobran, además, por dejarnos ver su “premiación”. Cada Oscar mide 34 centímetros y pesa cuatro kilos. “Una investigación reciente de la UNESCO muestra que los cinco principales países productores de películas entre 1988 y 1999 fueron: la India, con un promedio de 839 filmes anuales durante ese lapso; China y Honk Kong, con 469; Filipinas,456 películas; Estados Unidos, con un promedio de 385; y Japón, que produjo una media de 238 filmes por año. 40 Pero una cosa es realizar una gran cantidad de películas (como la India) y otra es hacerlas circular por el mundo (como Estados Unidos)”. 1, 839, 870,900 visitantes a salas cinematográficas. Dice alguien que, “Como lo que vende crea escuela…” Podríamos comenzar a escribirle otro final a esta película. ¿Podríamos?

27 enero 2016

Fernando Buen Abad Domínguez

Fuente: Rebelión

En EEUU, una amplia mayoría de jóvenes afirman que están dispuestos a votar a favor de un candidato socialista.

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¿Quién podría haberse imaginado que en la capital del capitalismo, en el epicentro del imperio neoliberal mundial, de repente ha detonado un debate sobre el socialismo?

Socialismo fue la palabra más buscada en el portal de los diccionarios Merriam Webster en 2015 (seguida por la palabra fascismo). En los sondeos, una amplia mayoría de jóvenes afirman que están dispuestos a votar a favor de un candidato que se dice socialista. En los debates entre los precandidatos demócratas se tuvo que preguntar a cada quien si era o no capitalista (por primera vez en la memoria reciente), y en las entrevistas con todos los candidatos siempre está la pregunta sobre el socialismo. Nadie recuerda cuándo fue la última vez que el carácter capitalista casi sagrado del sistema estadounidense ha cuestionado en foros vistos por millones en la televisión, ni cuándo el socialismo fue pregunta en sondeos nacionales.

Los expertos se han visto obligados a debatir si un “socialista” de verdad puede llegar a la Casa Blanca (antes a nadie se le ocurría la pregunta).

Y aún más sorprendente es que un sondeo de Bloomberg News/Des Moines Register de la semana pasada entre votantes demócratas en Iowa, el primer estado donde habrá votación para determinar la candidatura presidencial, 43 por ciento se definió “socialista”, y 38 por ciento “capitalista”. Un sondeo del New York Times/CBS News en noviembre encontró que 59 por ciento de los votantes demócratas tenían una percepción favorable del socialismo, mientras 29 por ciento tenían una impresión negativa.

Todo por el precandidato presidencial demócrata y senador federal Bernie Sanders, quien siempre se define como socialista democrático. Justo por eso, hasta muy recientemente expertos y políticos suponían que su campaña sería marginal y descartaban sus posibilidades de retar a la reina del partido: Hillary Clinton. Ya no. Sanders está empatado o va ganando en las encuestas de los dos primeros concursos intrapartido para la nominación, y ha reducido a la mitad la ventaja de Clinton en las encuestas nacionales en el último mes.

De hecho, la cúpula demócrata, legisladores demócratas y operativos de la campaña de Clinton están tan alarmados que ya acusan a Sanders de no ser un verdadero demócrata, sino, Dios nos salve, un socialista, y argumentan que no es tan elegible como Clinton en una elección general.

Pero Sanders aún amenaza la coronación de Clinton, en gran medida por su mensaje central sobre la desigualdad económica, que resuena más que cualquier otro tema entre el electorado. Como señala Kshama Sawant –socialista que ha ganado sus dos elecciones al cabildo municipal de Seattle– en un artículo en The Guardian, después de los movimientos Ocupa Wall Street, entre otros, la palabra sucia ya no es socialismo, sino capitalismo. Agrega que “la gente está hambrienta de alternativas políticas que sirvan a sus intereses… en lugar de la avaricia insaciable de Wall Street”.

Sanders no huye de la etiqueta. Cuando Anderson Cooper, de CNN, en uno de los debates entre los precandidatos, preguntó a Sanders si no se consideraba capitalista (y sin ocultar su incredulidad de que cualquier tipo de socialista pudiera ganar una elección nacional en este país), respondió: “¿Me considero parte del proceso del capitalismo de casino por el cual tan pocos tienen tanto y los muchos tienen tan poco, con el cual la avaricia y descuido de Wall Street destruyen esta economía? No, no lo soy.” Afirma que es un socialista democrático, no autocrático, que no desea nacionalizar los medios de producción, y usa como modelo para su tipo de socialismo los países escandinavos. Sanders indica que es parte de la misma corriente que un Franklin D. Roosevelt (quien no se consideraba socialista, lejos de). En otros países, Sanders sería considerado más bien un social demócrata, algo así como del Partido Laborista de Inglaterra, el socialdemócrata de Alemania o del Partido Socialista de Francia.

Aquí la palabra socialismo siempre ha sido asociada con el diablo, con el “enemigo”, como algo ajeno a Estados Unidos. El legado del macartismo sigue influyendo a principios del siglo XXI.

Pero el socialismo democrático no es ajeno a Estados Unidos. Algunas de las figuras más reconocidas de este país se han identificado como socialistas democráticos.

Eugene V. Debs, gran organizador sindical de principios del siglo pasado, fue varias veces candidato presidencial del Partido Socialista (en 1912 ganó 6 por ciento del voto nacional) y la última vez en 1920 dirigió su campaña desde su celda de prisión, por su oposición a la Primera Guerra Mundial (obtuvo casi un millón de votos).

En el medio este, poco antes de la Primera Guerra Mundial, socialistas fueron electos alcaldes en casi 80 ciudades en 24 estados (entre ellas Minneápolis, Milwaukee y Buffalo). Miembros del Partido Socialista ocupaban unos mil 200 puestos en 340 ciudades, recuerda Joseph Schwartz, vicepresidente de Democratic Socialists of America (DSA), en un artículo en In These Times.

27 enero 2016

Fuente: La Jornada