Os petos da Virxe do Carmen

capturadaCando un mariñeiro romano se encontraba no medio dunha tormenta que o intimidaba, non invocaba a Neptuno, deus dos mares, senón a Castor e Polux, uns segundóns que celebraban a súa festa o 15 de xullo, como patróns dos recadeiros, do comercio e das cabalerías, pero tamén porque eran os guías que acompañaban aos mortos para traspasar as portas do Máis Alá.

O mar, que non por temido deixou de ser camiño polo que circulou a humanidade desde os tempos máis remotos, tamén fixo aflorar as máis grandes devocións. Nas súas profundidades situaron os clásicos o mundo das maldades e nos seus extremos asentaron as máis diversas tentacións sobre as que so triunfaron os grandes heroes.

Para o común dos mortais, esa idea, de lugar tenebroso no que habitan os monstros aos que sé vence a valentía, transmitiuse con centos de contos e lendas que reafirman a vella crenza de que nas súas entrañas habitan os verdadeiros amos do abismo, os que erguen as ondas contra os nautas e devoran embarcacións enteiras impedindo o tránsito pacífico; os que se cobran en vidas humanas as peaxes dos seus camiños e os dezmos polos seus tesouros. Por iso, na hora da verdade, os romanos tamén buscaban a quen realmente lles botase unha man para sacalos da boca do inferno e os levase polo camiño da salvación.

A quen queira que fosen os moradores das súas augas, os nosos paisanos, asermade desde tempos remotos, trataban de calmalos arroxando ao mar un anaco de pan antes de comezar a singradura ao tempo que rezaban: “come o pan e non me comas a man”; e por se fose o caso de que o maligno estivese a bordo, os pescos daban un ceavoga repentino, un xiro brusco, para que os trasnos perdesen o equilibrio e caesen pola borda.

Pero ademais destes remedios, polo que puidese ser, os mariñeiros acollíanse aos favores que prometían o Santo Cristo, San Telmo ou San Pedro, a Virxe da Barca ou mesmo a de Pastoriza, a quen se lles pedía o favor da súa gracia nun momento de apuro. Pois xa antes de que os curas da Contrarreforma, pregoasen o do purgatorio como algo indiscutibel, xa nós sabiamos que estaba camuflado entre salseiros admonitorios; e que un home que morre traballando non debe acabar no inferno, e alguén ten que haber para impedilo. Como moito, o náufrago irá a ese lugar no que a estancia non é máis que un tránsito, unha cura de saúde da alma antes de subir a gozar, como bo traballador, dun merecido descanso no ceo.

Foi entrando na época do barroco, cando as xentes do mar botaron man da Virxe do Carme. Ela, igual que os dous deusiños romanos, tamén é unha conductora de almas en pena a través dos incertos camiños do Máis Alá. Ela, que tamén celebra a súa festa a mediados de xullo, o día 16, non pide grandes sacrificios, grandes rezos nin grandes penitencias, sé quere que o seu escapulario colgue do pescozo dos fieis: “quen morra co meu escapulario ao pescozo, non sufrirá as penas do purgatorio”.

Os mariñeiros saben ben que non é doado vivir pendente dun revés; e como a vida do mar se axusta por mareas e non por horarios de misas, sempre é máis cómodo andar cun sistema protector que non interrompa as faenas. E para iso a Virxe do Carme amósase como un seo acolledor, unha esperanza que, a cambio do seu favor, non pide onerosas prendas.

¡Como non vai presidir Ela a grande festa do mar!

O fervor popular represéntaa botándolle o cabo do seu escapulario aos náufragos que desesperan entre as ondas; e espallouna en numerosos petos de ánimas, nos que, en igual actitude que cos náufragos, salva aos fieis das chamas do purgatorio.

A Mariña Española, cande viu que todos os mariñeiros andaban co escapulario do Carmelo colgado do pescozo, tamén acabou adoptándoa como patroa en 1901.

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3ª Falacia ultraliberal: El Índice de miseria

stigliz3El índice de miseria es una invención del economista norteamericano Arthur Okun en los años 60, pero quienes lo usan hoy son casi siempre los ultraliberales para combatir uno de sus monstruos: La inflación. El índice de miseria es simplemente la suma de la tasa de paro y la tasa de inflación anual, lo que básicamente es sumar peras y manzanas porque no tiene nada que ver una tasa con la otra más allá de ser un porcentaje. Es como sumar el porcentaje de jubilados con la tasa del IVA del país ¿vale para algo? No, pero así pasamos el rato y liamos a la gente.

Más allá de sumar cosas diferentes la cuestión de este índice es que equipara la inflación y la tasa de paro como si la subida de un punto de ambas cosas fuera igual de dañina para el país. Para que veáis un ejemplo claro, un país con un 100% de inflación y pleno empleo y uno con 100% de paro pero sin inflación serían igual de “miserables” para este índice… ¿Lo serían? Obviamente no, muchos países han vivido con tasas de inflación de dos dígitos durante muchos años y no pasaba “nada grave” (mirad cualquier país occidental a mediados de los 70 o la Argentina desde el año 1945), mientras que un país con el 100% de paro ya os podéis figurar cómo acabaría…

Como el índice es un absurdo desde hace ya tiempo se ha ido modificando añadiendo factores como la tasa de interés o el crecimiento económico, aunque los ultraliberales se han quedado en la definición de hace 50 años. Aun así el índice sigue teniendo el mismo problema de base, que suma cosas que no se pueden sumar linealmente, no pondera nada y además deja de contemplar factores que estarían también relacionados con la miseria (sueldos, tasas de pobreza, cobertura de servicios básicos, etc, etc).

Si veis cualquier versión de este índice veréis que no tiene ni pies ni cabeza. En los últimos años Venezuela y Argentina salen entre los primeros puestos por su alta inflación, y un poco por debajo, España y Grecia por sus altas tasas de paro. Según el índice en estos países hay más “miseria” que en los paraísos de Bangladesh, Myanmar, Sri Lanka, Kazajistán o Tailandia (según el índice Tailandia es “menos miserable” que cualquier país de Europa). Vamos, un sinsentido al que solo se le puede oponer una carcajada.

Estos no son los únicos índices a medida que usan los “ultraliberales”, hay varios más, como el índice de libertad económica que ya rebatimos aquí u otros que desmontaremos en el futuro. Es importante conocerlos e identificar que no son más que pura propaganda ideológica sin sustento real alguno y tener argumentos para rebatirlos.

Estos “ultraliberales” no son más que apóstoles de una nueva religión que casualmente beneficia a los lobbies e instituciones que la promocionan, y nosotros los paganos a convertir para conseguir así la hegemonía de sus ideas, que será lo que les permita profundizar en ellas. Lamentablemente están consiguiendo bastante más penetración de la que sería razonable a la vista de lo absurdo de sus ideas, y aunque hoy no parezcan un peligro real la aplicación de estas ideas nos llevaría a un mundo distópico donde cualquier faceta de la vida humana estaría sometida al negocio y a la ganancia. Cuidado con ellos. 

Julio 2016

Fuente:Pedro Fresco (Público)

2ª Falacia ultraliberal: El “Gini de consumo”

stigliz2El coeficiente Gini es una medida estadística que muestra la desigualdad de distribución de alguna variable. El coeficiente Gini que normalmente usan los 

economistas y que está aceptado y estudiado es el Gini de desigualdad de ingresos, que nos da importante información de cómo se distribuyen los ingresos en una sociedad y el grado de desigualdad de la misma. Como probablemente sabréis, los países ricos y con estados del bienestar potentes suelen salir en los primeros puestos (mayor igualdad) y los países pobres suelen salir los últimos. Y claro, esto es una inconveniencia para los “ultraliberales” porque nos dice que la desigualdad es objetivamente mala.

Pero la imaginación “ultraliberal” puede con todo y al ser la distribución de Gini un parámetro matemático se puede usar con la variable que sea. Podríamos hacer la distribución de Gini con los pares de zapatos que compramos al año, con el número de parejas que hemos tenido, con las veces que cargamos el móvil a la semana o con cualquier variable que tenga una distribución desigual. Así pues los “ultraliberales”, que no se sienten a gusto con el Gini que todo el mundo acepta, suelen usar otro que se ajusta mejor a sus intereses, que es el de riqueza neta, y últimamente se han sacado de la manga un tercero, el Gini de consumo.

¿Qué mide el Gini de consumo? Mide la desigualdad de consumo entre los miembros de una población, supuestamente con el objetivo de mostrar que, independientemente de lo que se ingrese, si se tiene un consumo parecido la desigualdad “real” sería menor. Es lógico ¿verdad? Si el consumo es parecido la desigualdad realmente no es tanta…Pues no.

Hay una cosa que se llama “propensión marginal al consumo” y es menor de uno, lo que quiere decir que conforme aumenta la renta de una persona el porcentaje de ésta que se consume es menor. Esto es absolutamente lógico: Una persona con unos ingresos muy bajos tiene que gastar casi todos en los gastos básicos (alimentación, vivienda, suministros, etc) mientras que una persona que gana más gasta un porcentaje menor de su renta en consumo, y eso precisamente es lo que le permite ahorrar e invertir. Si el porcentaje de consumo no fuese decreciente con el aumento de renta todo el mundo ahorraría el mismo porcentaje de su renta, y como todo el mundo sabe eso no es así.

El Gini de consumo nos indica una desigualdad menor que en el caso del ingreso, algo absolutamente lógico por lo explicado anteriormente y que por tanto no explica nada relevante. De hecho si vemos este estudio y analizamos la desigualdad de consumo entre los países europeos (página 33) veremos que su orden no tiene ni pies ni cabeza. La desigualdad de consumo no parece tener relación ni con la riqueza, ni con el ingreso, ni siquiera con parámetros culturales (hay países muy similares como Alemania y Austria o Estonia y Lituania que tienen comportamientos muy distintos).

¿Qué nos muestra esta distribución de desigualdad de consumo? Que sepamos nada, lo que pasa es que queda bien para el dogma. Quizá un sociólogo sepa decirnos en el futuro qué información ofrece esta distribución, pero aparentemente y en clave de desigualdad no nos indica absolutamente nada útil, es tan sólo meter números en una batidora, sacar un resultado y vender que quiere decir lo que queremos que quiera decir. Puro trilerismo económico.

Julio 2016

Fuente: Pedro Fresco (Público)

1ª Falacia neoliberal: El “esfuerzo fiscal”

stigliz1Todos sabemos lo que es la presión fiscal, que es el porcentaje del PIB que el Estado recauda mediante impuestos. Este indicador es el universalmente aceptado por los economistas y es muy usado para comparar los impuestos que se recaudan en los distintos países. El problema es que este indicador nos dice que países como España, por ejemplo, tienen una presión fiscal baja en parámetros europeos, y que países con economías mucho más productivas y con mayores estándares de vida tienen presiones fiscales altas. Como esto no interesa al dogma “ultraliberal” que nos dice que los impuestos son malos y solo crean pobreza, pues hay que inventarse un indicador nuevo.

Ese indicador es el “esfuerzo fiscal”, también conocido como índice de Frank, que es el cociente entre la presión fiscal y el PIB per cápita del país. La forma como intentan vender esto es diciendo que lo importante no es la recaudación porcentual sobre el PIB sino el “esfuerzo” que le supone a quien paga esos impuestos (si una persona tiene unos ingresos altos se supone que pagar un porcentaje X le es más llevadero que a alguien de ingresos bajos). ¿Tiene sentido? Pues no.

Básicamente lo que hacen es dividir ingresos del estado entre el PIB y luego entre el PIB per cápita, mezclando unidades y conceptos diferentes. Lo cachondo del tema es que esta gente luego va diciendo que los impuestos deben ser planos y no progresivos basándose en los más peregrinos argumentos, y en cambio aquí te intentan decir básicamente lo contrario, que una persona que gana más puede sostener mejor porcentajes altos de impuestos… ¿no es divertido?

El “esfuerzo fiscal” se puede reducir al absurdo muy fácilmente. Imaginemos un país con 10.000$ de renta per cápita (México, por ejemplo) y con una presión fiscal del 50% (México no la tiene ni de lejos, pero es un ejemplo). El “esfuerzo fiscal” de este México ficticio sería [50%/10.000$]*10000= 0,5. Bien, ahora imaginad un país con 100.000$ de renta per cápita (Luxemburgo) donde gobernase un estúpido que pusiese una presión fiscal del 100%. [100%/100,000$]*10000=0,1. Es decir, el mexicano tiene un “esfuerzo fiscal” cinco veces mayor que el luxemburgués, pero a final del año el mexicano mantiene 5.000$ y el luxemburgués ¡Nada porque todo lo ha pagado en impuestos! Sin embargo nuestros amigos ultraliberales nos dicen que el mexicano sufre cinco veces más esfuerzo fiscal…

El índice es, a todos los efectos, una estupidez, y lo único que hace es otorgar esfuerzos fiscales menores a los países con mayor renta per cápita, lo que sirve muy bien para la propaganda “ultraliberal” pero que, a nivel económico, no es más que una mezcla de números sin sentido.

Julio 2016

Fuente: Pedro Fresco (Público)

La salud en EEUU

capturadaSegún un observador de la escena americano, “el estado de tu salud depende del estado de tu bolsillo”.

La versión americana a la solución a la prevención y cura de enfermedades es un acto de fe en el mercado que contradice las tendencias y las soluciones que existen en Europa y aun en el país vecino, Canadá.

El acceso a la atención médica de los americanos, su tratamiento en hospitales o clínicas, está condicionada por su nivel económico medido generalmente por la naturaleza y la calidad de su contrato de trabajo. La red de servicios médicos, hospitales y clínicas privadas, no existe el modelo europeo de centro  público de salud, no actúa hasta que el enfermo  no prueba estar asegurado por una de esas empresas  con las que se puede contratar, individual o colectivamente, a un precio que depende de varias circunstancias y, entre ellas, de tu edad y condición social.

Si eres rico o estás bien empleado en una empresa solvente, tu seguro cubre casi todos los riesgos de tu salud. Si eres pobre o tu contrato de trabajo es de poca categoría, el seguro no te sirve para muchas enfermedades o accidentes. Y hoy, en un momento en el  que crecen los trabajos precarios o las largas ausencias del mercado laboral, la salud de los americanos refleja el mismo perfil de desigualdad que el resto de los indicadores básicos.

Las dos instituciones que se crearon para paliarlo, Medicare y Medicaid, para mayores y para indigentes respectivamente,  funcionan con grandes limitaciones y, de hecho,  muchas personas pobres o desempleadas van a las urgencias de los hospitales, fingiendo encontrarse en esa situación, sólo para recibir por una vez una analítica o una exploración, que son incapaces de procurarse por otros medios. Norteamérica carece de una red de atención médica primaria, como la que tiene Europa.

Todo ello influye en las estadísticas de población. Estados Unidos posee uno de los índices más altos de mortalidad infantil en el mundo pese a que sea la mayor potencia económica. Hay un cuarto mundo en zonas pobres de América, barrios miserables de las ciudades, el sur de Texas, donde los niños sufren los daños sanitarios colaterales de la pobreza como no acceso a agua potable, malaria, desnutrición, etc. El resto de los indicadores de salud refleja la desigualdad económica de los norteamericanos. Dado que la salud está en el comercio libre, uno puede comprar cuantas atenciones, prevenciones, pruebas u operaciones pueda costearse y el sistema sanitario no evalúa más que la capacidad de pagar del cliente, lo cual conduce, por ejemplo, a que el gasto sanitario en personas mayores es muy superior al del gasto en niños y a que el enorme gasto sanitario esté distribuido en términos de clase social.

Muchos inventos y adelantos científicos se producen y aplican en los Estados Unidos pero a ellos no tienen acceso más que los enfermos que pueden pagarlos. Hay hospitales americanos de gran calidad pero una parte importante de sus pacientes son enfermos adinerados que vienen de otros países mientas que en el mismo barrio donde los hospitales están domiciliados viven personas cuya salud es muy deficiente.

Paralelamente a ello, la industria farmacéutica, una de las más poderosas e influyentes del país, no deja de luchar por la protección de sus patentes, de su acceso irrestricto al mercado nacional e internacional y ello la convierte en uno de los componentes de la dominación americana más resentidos por el resto del mundo. La lucha contra el Sida en países pobres es un ejemplo de ello. Los mismos americanos cruzan la frontera de Canadá o México para comprar medicinas más baratas.

No hay, pues, en Estados Unidos un concepto de salud pública según el cual las condiciones sanitarias generales y comunes benefician al conjunto de la población. Algunos de los elementos básicos de esa salud pública están vinculados a actividades  de inspección de emisiones de contaminantes, deterioros en el medio ambiente que perjudican la salud pero aún no existe una estructura de acción gubernamental responsable de diseñar, planificar y desarrollar una política de salud pública, entre otras razones por el modelo de descentralización de los servicios que forma parte de la estructura federal del país.

Fuente: Alberto Moncada

El marxismo como filosofía de la praxis

kmEl marxismo es, en primer lugar, una crítica de lo existente y, en particular, del capitalismo: crítica de sus males sociales, engendrados necesariamente o estructuralmente por él, que –como toda crítica– presupone ciertos valores desde los cuales se ejerce. Hablar de los males sociales que se critican significa a la vez presuponer los bienes sociales en los que encarnan esos valores – morales y no morales– que el capitalismo limita, asfixia o niega realmente.

El marxismo es, en segundo lugar, un proyecto, idea o utopía de emancipación social, humana, o de nueva sociedad como alternativa social en la que desaparezcan los males sociales criticados. Se trata de un proyecto de nueva sociedad (socialista-comunista) en la que los hombres libres de la opresión y la explotación, en condiciones de libertad, igualdad y dignidad humana, dominen sus condiciones de existencia; un proyecto a su vez deseable, posible y realizable, pero no inevitable en lo que respecta a su realización.  Deseable, por la superioridad de sus valores sobre los que rigen bajo el capitalismo, y por responder al interés y las necesidades de toda la sociedad; posible, si en la realidad se dan las condiciones históricas y sociales necesarias para su realización. Y realizable si, dadas esas condiciones, los hombres toman conciencia de la necesidad y posibilidad de la nueva sociedad, y se organizan y actúan para instaurarla. Por tanto, ni el capitalismo es eterno, ni el socialismo es inevitable. Pero si el proyecto de nueva sociedad no se realiza o la desaparición del capitalismo llega demasiado tarde, el famoso dilema (socialismo o barbarie) de Rosa Luxemburgo podría resolverse en una barbarie que ni ella –mucho menos Marx– hubieran podido sospechar.

El marxismo es, en tercer lugar, conocimiento de la realidad (capitalista) a transformar y de las posibilidades de transformación inscriptas en ella, así como de las condiciones necesarias, de las fuerzas sociales y los medios adecuados para llevar a cabo esa transformación. Aunque el conocimiento de por sí no garantiza que esta se cumpla, sí garantiza –al insertarse en el correspondiente proceso práctico– que el proyecto no se convierta en un simple sueño, imposible de realizar, o en una aventura, condenada al fracaso.

Finalmente, el marxismo se distingue por su voluntad de realizar el proyecto; es decir, por su vinculación con la práctica, pues no basta criticar lo existente, ni proyectar una alternativa frente a él, como tampoco basta el conocimiento de la realidad a transformar. Se necesita todo un conjunto de estos actos efectivos que constituyen la práctica y, en especial, la práctica política destinada a realizar el proyecto de emancipación.

Ninguno de los cuatros aspectos mencionados puede ser separado de los demás, aunque hay uno de ellos –la práctica– que es determinante y mantiene a todos en su unidad.

Fuente: “Ética y marxismo” de Adolfo Sánchez Vázquez.