Tocarse los huevos es buenísimo

tocarse_los_huevos_2817_645xEl cuidado exagerado de nuestros testículos tiene su base en una cultura falócrata que los sexólogos invitan a cambiar. Este gesto cotidiano puede ayudarnos a detectar alguna enfermedad.

La última vez que acuñaste la expresión “me duele un huevo” probablemente la acompañaste de un gesto de protección hacia la entrepierna, similar al que hacías cuando te tocaba hacer de barrera en un partido de fútbol en el colegio, aunque el foco del dolor no fuera directamente en este órgano. El blindaje de los hombres hacia sus testículos es casi innato, congénito a la propia naturaleza del género masculino, aunque a veces se nos olvide que el cuidado de nuestras bolas no es solo cuestión de evitar un balonazo.

En la protección de manera involuntaria y automática de los testículos hay diversas causas que provocan por inercia esos gestos: miedo al dolor frente a un golpe y terror a la esterilidad e impotencia que lleva consigo, en un imaginario machista, falta de hombría y masculinidad. “A nivel físico, el hombre tiene miedo o cuidado frente a un golpe en los testículos como reacción normal debido a la sensibilidad de la zona, y esto es positivo. En relación al plano psicológico y emocional debemos ser conscientes de que nuestra cultura ha instalado nuestros genitales en la primera línea de nuestros encuentros sexuales. Pero hay que saber también que todo nuestro cuerpo es fuente de placer y satisfacción”, cuenta Sebastian Glöckner, sexólogo y terapeuta en Sexualia.net. Es decir, nos protegemos de manera instintiva porque creemos en nuestro subconsciente que los nuevos polvos pueden ser peores. Error número uno.

En la tradición encontramos otro de los problemas asociados a los testículos y su sobreprotección excesiva. “En el plano erótico, nuestra cultura es falocéntrica; es decir, todo gira en torno al pene y los testículos. Durante mucho tiempo la sexualidad femenina ha estado subyugada a la del hombre; se ha construido una cultura sexual en base a la vivencia masculina”, asegura Patricia Menéndez, terapeuta también de Sexualia.net. El falocentrismo que nos han inculcado desde pequeños nos obliga a proteger nuestros testículos como símbolo de estatus y de valor. Expresiones como “¡con dos cojones!” o “¡échale huevos!” simbolizan esta idea de que el sexo sin pene no es sexo. Error número dos. Muchas ya han aprendido a vivir sin nuestros miembros.

Pero el gesto de protección de los testículos, más allá de connotaciones de sexualidad u hombría, también tendría que incorporar una parte informativa médica esencial para el género masculino. Pese a ser una zona de nuestro cuerpo que protegemos y de la que gozamos con el tacto propio y ajeno, no le prestamos la atención sanitaria que requiere. Error número tres. Y sí, nuestros testículos también tienen enfermedades. Deberíamos aprovechar la acción continua de tocarnos los huevos para llevar a cabo exploraciones de estos órganos glandulares, coproductores de los espermatozoides y la testosterona, y evitar así numerosas patologías que la gran mayoría de los hombres desconoce. La más grave de todas ellas es el cáncer testicular, 49.000 casos al año en todo el mundo y con cifras en aumento, lo que afecta principalmente a hombres de entre 15 y 35 años, siendo el tumor más frecuente junto con el linfoma.

Ya hay organizaciones médicas que están apostando por el gesto de tocarse los huevos para difundir el conocimiento de esta enfermedad y su prevención, curable en el 90% de los casos si se detecta a tiempo. Pero los testículos también pueden sufrir hidroceles, orquitis, varicoceles, torsiones… Enfermedades, algunas de ellas muy dolorosas –el cáncer testicular es prácticamente indoloro–, que conviene tener en la cabeza a la hora de practicar el costumbrista acto masculino de llevarse la mano a la entrepierna. “Las personas que han superado un cáncer de testículos sufren un cambio de imagen bastante significativo, pues toda esta simbología con la que nuestra cultura carga los testículos hace que sea más duro para ellos; pero la realidad es que la masculinidad del hombre responde a un concepto mucho más amplio que sus genitales, y este culto exacerbado es una construcción cultural”, cuenta la sexóloga Menéndez. Pero hay que añadir que estos pacientes ni se quedan estériles ni impotentes –siempre y cuando no pierdan los dos–, y que incluso, al igual que en el cáncer de mama en las mujeres, ya se pueden poner prótesis de silicona que hacen que la bolsa escrotal sea incluso más imponente que antes de la extirpación. Y aquí el círculo vuelve a cerrarse, pues al final todo es cuestión de tamaños y de huevos. Que se lo digan si no a la estatua del caballo de Baldomero Espartero, que décadas después se sigue hablando de su protuberancia.

Fuente: revistagq.com

Un programador automatizó en secreto una gran parte de su trabajo y el envio de mails a su esposa

feet-on-desk-1Hay un divertido proyecto que es muy popular en GitHub, el sitio web que aloja todo tipo de software que los programadores quieren compartir con los demás.

El proyecto fue compartido por un programador llamado Hay un divertido proyecto que es muy popular en GitHub, el sitio web que aloja todo tipo de software que los programadores quieren compartir con los demás.

El proyecto fue compartido por un programador llamado Nihad Abbasov, conocido como “Narkoz” en GitHub. Se compone de un montón de scripts de software con algunos nombres divertidos. Narkoz dice que los scripts procedían de uno de sus compañeros de trabajo que dejaron la empresa, el tipo de persona que “si algo – cualquier cosa – requiere más de 90 segundos de su tiempo, escribe un script para automatizar eso.”

Cuando este informático dejó la empresa para empezar un nuevo empleo, sus ex compañeros estaban mirando su trabajo y descubrieron que el tipo había automatizado todo tipo de cosas, incluyendo partes de su trabajo, sus relaciones personales y hacer el café.

El hombre había escrito un script que enviaba un mensaje de texto a su esposa que decía “trabajando hasta tarde” y que “seleccionaba automáticamente las razones” de una lista preestablecida, dice Narkoz. Este texto se enviaba si había actividad con su nombre de usuario en los servidores de la empresa después de las 9 de la noche.

Escribió otro script para relacionarse con un cliente que no le gustaba, ya que el nombre que eligió  para este script no era muy agradable. Este script analizaba la bandeja de entrada de email del cliente que utilizaba palabras como “ayuda”, “problemas” y “lo siento” y automáticamente lanzaba la base de datos de la persona a la última copia de seguridad y, a continuación, enviaba una respuesta: “No te preocupes compañero, la próxima vez sé más cuidadoso.”

Con otro script, mandaba automáticamente una excusa  por correo electrónico como “no me siento bien,  voy a trabajar desde casa” si no estaba en su puesto trabajo y conectado a los servidores a las 8:45 de la mañana. A este script le llamaba “resaca”.

Y el mejor? Escribió un script que hackeaba la máquina de café y le ordenaba que hiciese un café con leche. El script ordenaba a la máquina que esperara 24 segundos antes de verter el café con leche en una taza, el tiempo exacto que necesitaba para caminar desde su escritorio a la máquina de café.

Y sus compañeros de trabajo ni siquiera sabían que la máquina de café estaba en la red y que era hackeable.

Fuente: uk. businessinsider. com

Traducido por: Xoán Manoel del Río.